Glifosato: ¿Puede el hombre mejorar a la naturaleza?

Días agitados se viven en el mundillo del agro. Hace unos días hubo un debate en la TV Pública (link) acerca de la comida orgánica. Unos días después, el científico español José Miguel Mulet, Profesor titular de biotecnología en la Universidad Politécnica de Valencia e investigador en el Instituto de Biología Molecular y Celular de Plantas (IBMCP), presentó en la feria del libro “Comer sin Miedos,” dónde defiende los alimentos transgénicos y tuvo que cancelar una presentación en Córdoba a raíz de amenazas sufridas producto de su postura (un hecho lamentamos y condenamos).

68EPor estos días también se cumple un año del fallecimiento de Andrés Carrasco, quien fuera jefe del Laboratorio de Embriología Molecular de la UBA e investigador principal del Conicet, cuyo nombre saltó a la fama cuando publicaron una investigación suya en la que advertía sobre “los efectos teratogénicos en vertebrados que producen los herbicidas basados en glifosato.

Su publicación (click acá para verla en inglés) causó gran repercusión en los ámbitos científicos, pero también en la opinión pública contribuyendo al debate acerca del uso de éste agroquímico tan extendido en la agricultura actual. Sus resultados mostraban la fuerte correlación entre la exposición a valores frecuentemente usados de glifosato en producciones agrícolas y malformaciones embrionarias en vertebrados (en el experimento, embriones de anfibios y aves).

Pero, ¿qué es el glifosato? Según wikipedia, el glifosato (N-fosfonometilglicina, C3H8NO5P, CAS 1071-83-6) es “un herbicida no selectivo de amplio espectro, desarrollado para eliminación de hierbas y de arbustos, en especial los perennes. Es un herbicida total absorbido por las hojas.” Se utiliza porque mata absolutamente todas las plantas de un lugar, excepto las que están geneticamente modificadas para no ser afectadas por este compuesto, por lo que se puede realizar el monocultivo sin ninguna competencia vegetal (en nuestro país, se cultivan cerca de 20 millones de hectáreas de soja transgénica).

Más allá de que su estudio recibió críticas de numerosos sectores, así como también fue defendido por otros, es importante destacar que el uso de glifosáto está cuestionado por los daños ambientales y sociales que puede causar.  Sin ir más lejos, en Argentina la justicia ha fallado a favor de pobladores rurales y periurbanos por haber sufrido las consecuencias de exposición al herbicida (ver aca). Con respecto a los daños ambientales, es importante destacar que el glifosato no sólo afecta a las plantas, sino que también mata microorganismos beneficiosos que habitan el suelo y son necesarios para la naturaleza.

En ese sentido, una eminencia como Don Huber (profesor emérito de la Universidad de Purdue y científico senior de la USDA) refuta la creencia popular de que la ingeniería genética es un mal necesario para alimentar al mundo, destacando que “la agricultura es un sistema integrado de muchos componentes que interactúan, que en conjunto determinan la salud de los cultivos y por lo tanto el rendimiento” y que el glifosato afecta la salud del cultivo, empeora la capacidad de aprovechamiento de nutrientes y destruye muchas asociaciones benéficas entre vegetales y microorganismos.

agLamentablemente, habitamos un mundo que intenta, día a día, llevar todo a la lógica de producción capitalista y trata a los cultivos como cualquier otra producción (lo mismo da que sean clavos, celulares o lamparitas de luz). Pero los millones de años de evolución de la naturaleza no han seguido esta lógica productiva, y la alteración de procesos naturales como la agricultura industrial requiere suficientes estudios, ética y responsabilidad.

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